Cuando dibujo nada duele y siento que todo lo puedo

Ana es una amiga de la red de Mujeres TEA desde sus inicios, es una artista autodidacta que empezó a dibujar antes de los 3 años y tiene un talento extraordinario para el dibujo y la pintura hiperrealista también estudia Medicina, y tiene una hermosa familia en Ambato Ecuador. Le hemos realizado esta entrevista para saber más sobre el fascinante desarrollo de su arte, y sus increíbles experiencias.

Gracias a ella por compartir su arte y su vida pueden ver más de su trabaj y contactarla aquí https://www.facebook.com/LapizArte.AKVO

 

 

 

Ana Karina Valle Ocando, 30 años. Ambato – Ecuador.

 

  1. Cuéntanos sobre cómo empezaste a dibujar, cómo aprendiste y qué significa el dibujo en tu vida y qué sientes cuando dibujas

A ver, empecé a dibujar, aunque parezca imposible, a los 2 años 8 meses más o menos. Y digo esa edad porque habían dibujos de mi mamá embarazada de mis hermanas, -y de ataúdes, que no sé qué signifique para esa época para mí-. Mis hermanas nacieron cuando yo tenía 2 años 10 meses. Mi mamá decía que pasaba dibujando todo el tiempo. Cómo aprendí, no lo recuerdo, a veces pienso que las cosas se dieron espontáneamente” o algo así. Desde pequeñita ‘adornaba’ los cuadernos, (también “adorné” unos cuadernos de mi papá que es ingeniero, quien con mucha paciencia aceptaba que plasme mi arte entre las hojas de sus cálculos, aunque más de una vez me retó), los libros, etc., pero en el jardín de infantes (prebásica), cuando tenía 5 años, la señorita mandaba muchos deberes, muchísimos, planas y planas que me hacían quedarme hasta la noche, y llegué a odiar el dibujo, odio que por suerte no duró mucho, pues ese mismo año gané un concurso interno sin proponerme. Y el asunto fue muy chistoso porque la señorita dijo que dibujemos lo que queramos lo más rápido posible, porque sólo teníamos 90 minutos para hacerlo. Obviamente con 5 años yo no sabía qué carajos eran “90 minutos” y pensé que debía dibujar rapidísimo, en cuestión de segundos. Todavía recuerdo la tensión y el pánico (y me sorprende que no me haya dado un colpaso). No se me ocurrió más que dibujar una casa morada con una niña vestida de morado también, y lo hice, según dijo la profe, en menos de 15 minutos, muy asustada por eso de los “90 minutos”. Me dieron de premio una lonchera que me la robaron al día siguiente.

En primer grado, a los 6, la profesora de turno me regañó por dibujar ‘cosas que no me pedía’ como adiciones a las tareas. Eso fue un golpe bajo para mí y por poco, nuevamente, otra docente mata mi gusto por el dibujo. De todos modos sí quedé sentida, dibujaba menos, mucho menos… Llegué a dejar de dibujar algunos años. Retomé el gusto a los 10 años cuando me cambié de escuela y al ser una niña bastante solitaria, mis dibujos me acompañaban. Y me hice popular por ello. Participé en algunos concursos también, pero nunca gané nada porque mis dibujos fueron catalogados como “raros” o “no convencionales”. En ese entonces ya no me importó el aprecio de los demás y seguí dibujando para desestresarme, porque me sentía muy feliz.

A los 14 años, cuando estaba en tercer curso de colegio (décimo año), participé en un concurso por “fiestas institucionales”, y recuerdo que dibujé la fachada del edificio porque no se me ocurrió nada más. Gané el primer lugar y todos se enteraron antes que yo, y al enterarme me sentí abrumada. Fue raro. A partir de allí continué dibujando pero en bajo perfil, para que nadie me moleste ni me diga nada. Odié lo que pasó cuando gané, odié que todos me señalen y digan algo de mi arte.

Al salir del colegio tuve problemas para seleccionar la carrera universitaria: primero seguí ingeniería civil pero no me gustó, luego me fui a psicología clínica porque no tuve dinero para entrar en medicina, y finalmente a medicina (aunque egresé de psicología general en una institución a distancia). En el umbral de mi adultez tuve muchas decepciones que prefiero no recordar, pero apoyo absoluto de quien se convirtió en mi esposo, que me ayudó a salir de ese lío existencial. Me casé muy jovencita, de 18 años, y aunque no me arrepiento de nada hubiera preferido esperar a ser más grande. Muchas cosas me empujaron a ello, no las mencionaré porque aún me duelen. Sufrimos mucho. Y, entonces, seguí dibujando con más vehemencia para aliviarme, para poder unir los fragmentos de muchas ilusiones que tuve y se destruyeron en el camino. Me di cuenta que cuando dibujo, nada duele, y siento que TODO lo puedo.

 

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Mi esposo Ernesto Escobar y yo. Él ha sido uno de los pilares fundamentales, porque a pesar de no entender y no estar de acuerdo con mi diagnóstico, de haberlo decepcionado con algunas decisiones y meteduras de pata, me ha apoyado incondicionalmente.

Como ya mencioné, luego de mi intento fallido de ser ingeniera (que jamás me gustó), entré a psicología pero soñaba con ser científica, y lo más cercano a eso era la medicina, a la que no pude ingresar. Dibujaba para aliviar esa profunda decepción. Cuando al fin pude entrar a estudiar medicina, me fue bien los primeros seis semestres, pero al séptimo empecé a tambalear por esas dificultades que se nos presenta a los aspies respecto a la “inteligencia de ejecución”. En otras palabras, era y soy muy torpe para las cosas manuales (que no sean dibujo), no logro entender los procesos o protocolos, y las indicaciones verbales sólo logran confundirme. La parte práctica de la medicina se convirtió (y todavía lo es) en mi némesis. Fueron tantas variables que repercutieron en mi estabilidad, que me retiré de la carrera con la idea de no volver más. Caí en profunda depresión; lloré cada noche durante un año y tuve que ir a terapia psicológica. Nada resultaba, sentía que me marchitaba. Me enfrasqué en debates absurdos en Internet para disipar mis frustraciones y sólo conseguía enojarme más con la vida, con todos. No tenía muchas ilusiones, sentía que fallé a todos quienes me apoyaron y pusieron su fe en mí. Empecé a desear morir. Si no fuera por las nenas hubiera hecho alguna bobera y no estaría aquí. A los 26 años, que sentía que no tenía futuro, que había abandonado la carrera por la que luché tanto, volví a renacer como fénix gracias al dibujo. Hasta ese entonces había dejado de dibujar unos cuatro años, y volví a hacerlo con fuerza, ahora como mi verdadera –y única– terapia y motor de vida. El dibujo me ayudó a salir del hoyo, me dio esperanzas. Es algo que sé que puedo, es algo en lo que voy mejorando cada vez, que me asombra a mí misma y me ayuda a tener confianza en mis potenciales.

Volví a la universidad hace ya dos años, y aunque he tenido tiempos difíciles, muchos altibajos, muchos deseos de renunciar, dibujando he conseguido avanzar, he conseguido mantenerme a flote. En otros dos años espero graduarme y ser una médica buena y una buena médica.

 

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Mis compañeros más queridos: Karen Valdospin, Gabriela Urquizo y Patricio Pazmiño… y yo, a la izquierda, que estoy tapada la cara con la gorra porque soy bien malula.

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Yo (a la izquierda) junto con una de las pocas compañeras con las que me llevé bien en la universidad, Gaby Urquizo.

En resumen, el dibujo significa para mí: PAZ, PODER y FUERZA. Y este dibujo que logré terminar después de 3 años, y aun cuando se me rompió una parte (la esquina de la oreja derecha, a la izquierda del observador), no lo boté al basurero porque el pero el reto que me impuse fue terminarlo, no dejarlo a medias y desecharlo, un majestuoso LEÓN, lo representa. Este león, lo pienso, soy YO.

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León (2016)

 

  1. ¿Cómo es tu técnica y cuánto tardas en hacer una obra, y qué te inspira?

Soy autodidacta, no tengo idea de técnicas desde el punto de vista “formal” o académico. Es decir no sé si es que tengan algún nombre específico, por lo que pido disculpas por la omisión. En materiales, manejo principalmente carboncillo, carbón y tizas en cartulinas de formatos que van desde A4 (210 × 297 mm) hasta A0 (841 × 1189 mm). También experimenté una vez en una tabla (reciclada) y pintura acrílica “de pared”, es decir la que se usa normalmente para fachadas. Es una de mis viejitas adoradas que, para variar, no tiene título:

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Viejita (2014) Acrílico en tabla 1000 x 1000 mm

 

Y digo una de mis viejitas, o viejitos, porque son los seres que más me gustan dibujar. Me fascinan sus rostros, sus arrugas. Creo que hay más belleza en sus semblantes que en los de los jóvenes y perfectos. He aquí algunos:

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Viejito (2016) Formato A1 – 594 × 841 mm-

 

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Viejito (2016) Formato A1 – 594 × 841 mm-

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Viejita sonriendo (2016) Formato A4 -210 × 297 mm-

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Viejita sonriendo (2016) Formato A4 -210 × 297 mm-

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Viejito (2014) Formato A4 -210 × 297 mm-

 

 

 

También me gustan las chicas o chicos pecosos, o con daños en la piel, con poses particulares… con cualquier elemento que represente un desafío a la hora de dibujarlas.

 

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Mojada (2015) Formato A4 -210 × 297 mm-

 

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Chica Pecosa (2015) Formato A4 recortado

 

 

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También me atraen los rostros infantiles, sobre todo aquellos cargados de expresiones.

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Niño asombrado (2015) Formato A4 -210 × 297 mm-

 

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Niño llorando (2015) Formato A4 -210 × 297 mm-

 

 

O dibujar ojos, o manos, porque tienen muchísimo simbolismo, como estos:

 

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Ojo (2015) Formato A4 -210 × 297 mm-

 

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Ojo (2016) Formato A4 -210 × 297 mm-

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Manos (2016) Formato A4 -210 × 297 mm-

 

También realizo obras a lápices de colores, que son muy demandantes pero quedan muy bien. Una de las que más me costó es el retrato de Angelina Jolie en formato A1 (594 × 841 mm), que me tomó casi 25 horas.

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Posando con el Retrato de Angelina Jolie (2015) Formato A1 – 594 × 841 mm-

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Angelina Jolie (2015) Formato A1 – 594 × 841 mm-

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Una hermosa obra a pedido.

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Niña llorando. (2015) Formato A4 -210 × 297 mm-

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Retrato de Oliver Sacks (2015) Formato A4 -210 × 297 mm-

nenasMis dos hijas 1) Ana Paula y 2) Ana Kristina (son cuadros separados) Formato A4 -210 × 297 mm-

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Retrato de mi cuñada Formato A3 -297 × 420 mm-

También he hecho alguna de “Superhéroes” y afines:

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Capitán América versus IronMan – Civil War (2016). Formato A3 -297 × 420 mm-

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Spiderman (2016). A pedido de mi hija Anita Kris que es fan. Formato A3 -297 × 420 mm-

Y experimentos:

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Rostro de mujer con tiza blanca en cartulina negra. (2015)Formato A4 -210 × 297 mm-

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Gatubela con tiza blanca con cartulina negra (2016) Formato A4 -210 × 297 mm-

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Darth Vader (2016) -este no es con carboncillo, es con marcado permanente- Formato A4 -210 × 297 mm-

 Uno de los últimos:

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“Medicina” (2016) óleo en lienzo de 70 cm x 90 cm.

Mi inspiración en el plano artístico es el rostro humano; tratar de descifrar la parte emocional de los gestos, el darle los matices que les corresponden, porque a veces resulta difícil alejarme de la teoría o la explicación del por qué ocurren, a qué se deben, de qué vías nerviosas están implicadas. El dibujar me evita restarle el color, la calidez, la espontaneidad, de volverle fría y mecánica, a la expresividad humana. Por eso me gusta tanto el rostro humano, aunque también he dibujado un par de veces animales, que no se me dan muy bien, como el león que tomé como representación de mi temple, y mi homenaje a mi Happy, un cachorrito que así como llegó rápido a mi vida, se fue –y que todavía lo extraño–.

No obstante, mi máxima inspiración en todo sentido es mi familia, que está conmigo en las buenas y en las malas; mis mejores amigos (los únicos que tengo), mi todo.

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Mi familia. De abajo hacia arriba y de izquierda a derecha, mi esposo Ernesto, mi hijita menor Ana Kristina, yo, y mi hija menor Ana Paula.

 

 

  1. ¿Cuándo y cómo te has enterado que tienes Síndrome de Asperger y que significa para ti?

El diagnóstico llegó hace 14 años, cuando tenía 16 años más o menos, por evaluación psiquiátrica y psicológica en la búsqueda de mi “orientación vocacional”, pues en ese entonces andaba errática en ese sentido, quería todo y a la vez nada. Y eso me recuerda a una anécdota muy chistosa: recuerdo que el psicólogo que me confirmó el diagnóstico de Asperger se obsesionó con hacerme “recuperar mi femineidad”, sólo porque me gustaba pasar con el uniforme de colegio todo el día, o en pijama en mi casa, o simplemente porque me vestía cómodamente, como siempre lo he hecho. Y una vez que fui pintada los labios a la consulta ¡casi se infarta de la emoción! ¡Creyó haberlo logrado! ¡Qué absurdo me pareció!, cuando este profesional debía centrarse en otros aspectos que yo realmente necesitaba apoyo. En fin, a veces la gente intenta parametrar a los demás en base a sus propias carencias –o prejuicios –, digo yo.

Pero debo admitir que no tomé en cuenta (no me informé, no me importó, ¡qué sé yo!) el diagnóstico por la misma razón estúpida por la que la gente lo ignora: por creer que es “una etiqueta” y, además, dañina, o un “invento”, o que no existe, cuando realmente es el reconocimiento de la diversidad humana, de la neurodiversidad. No es un estigma, es algo maravilloso. No fue sino hasta hace 3 o 4 años, cuando toqué fondo, que hice consciencia, que entendí muchas cosas de mí misma, y todo empezó a tener sentido. Para mi tener Síndrome de Asperger, sea o no considerado como entidad aparte o como parte del Espectro Autista, es ser humana, muy humana, pero con particularidades que hacen de esta especie a la que pertenezco más diversa, mucho más genial.

Sin embargo, hay que tener en claro que ser aspie también duele, y duele mucho. O por lo menos a mí me duele, porque el entorno no está acostumbrado a nosotros y nos obliga a adaptarnos aunque en ocasiones nos afecte, nos vulnere, porque muchos niegan lo que somos al rechazar nuestra condición, y algunos que la aceptan tienen falsas expectativas que nos hacen daño, por ejemplo suponer que todos somos genios, o que todos somos eruditos. Yo soy bastante tonta en muchas cosas (no es subestimarme, es reconocer mis debilidades), quizás como todos o quizás más. Tengo buena memoria, sí, pero no infalible, me pifio, se me olvidan las cosas. Una vez en plena clase olvidé un término y fue horrible porque todos empezaron a decirme que qué pasó con mi “gran memoria”, que yo que soy casi una grabadora. Fue horrible, me sentí “basureada”, me sentí estúpida… Otra debilidad es que tengo pésimo razonamiento, o mejor dicho me cuesta razonar (en matemáticas, en lógica…), por eso tiendo a la criptomnesia o a las literalidades que no ayudan en nada en la vida cotidiana; mi nula capacidad resolutiva, que me hace dudar de ser realmente inteligente en el sentido técnico de la palabra, pues intelligere significa “saber elegir y yo me tiro las cuadras en todas y cada una de las que he tomado, y mi poca imaginación, una tendencia a tomar las cosas restringidas y literales que me impiden ver otras opciones.

También es duro tratar de emular a Sheldon, o Khan, o Kim Peek, o a Newton, o a Eintein o incluso a Temple Gardin todos los días para ser aceptada. Porque o estás en los extremos o no estás en nada; forzosamente tienes que tener muchas deficiencias o ser extremadamente brillante para que la gente te considere autista, aspie. Es duro que todos esperen más de mí de lo que YO NO ESPERO. Rara vez me va bien, de hecho es gracioso cuando sucede, yo me sorprendo.

Pero lo que más me cuesta y por lo que me suelo maldecir todos los días es en la ejecución: me da rabia tener que repetir algo más de diez veces y ni así poder, quedarme en blanco aunque lo sepa teóricamente, confundirme. Todos dicen que es fácil pero no es cierto para mí, para mí es una tortura. Por eso no sé manejar un carro, porque no puedo recordar cómo encenderlo. No puedo seguir muchos pasos o secuencias y ¿adivinen qué?, medicina tiene PROTOCOLOS que necesitan pasos y secuencias, la mayoría MANUALES. Lloro a menudo por eso, pero sigo ahí insistiendo hasta lograrlo, porque lo que si soy TERCA.

Y no olvidar de la famosa honestidad brutal aspie, que me hace ganar enemigos cada vez que abro la boca porque cuando algo no me gusta algo yo lo escribo (porque es la mejor manera que tengo para comunicarme), o lo digo sin filtros. No está bien, lo sé, porque hay que ser diplomáticos para decir las cosas, pero no puedo9 evitarlo. No me agrada andar cuchicheando por detrás y creando versiones que no existen. Peor todavía, difamando o cosas así. Las cosas son como son en la vida, cuentas claras y el chocolate que sea Milk Way porque Snickers tiene unos cosos duros, su textura es desagradable y no me gusta. Y cuando alguien, sin importar quién, no se ajusta a lo que yo misma me exijo, a mis parámetros de integridad, me alejo y sanseacabó. Y no es que yo sea epítome de nada, de hecho yerro bastante porque lamentablemente soy humana, débil y falible, y me doy mi merecido escarnio, pues sigo trabajando por ser reflejo de mis parámetros de justicia. La sola idea de desequilibrar la balanza de mis principios -incluso por agradar a los demás, al callar mi disgusto- me asquea, porque no es por el resto, es por mí, por mi consciencia. No me importa quedarme cuasi sola, realmente, mientras tenga mi familia (y quién sabe si será así siempre, ergo solos nacimos y solos moriremos).

Algunas de esas características forman parte de la triada o mejor dicho tétrada de Wing del Espectro Autista (que incluye “compromiso” en 1) reciprocidad social, 2) comunicación verbal y no verbal, y 3) patrones repetitivos de actividad e intereses, 4) ausencia de capacidad simbólica y conducta imaginativa), también hago mea culpa y sé que son producto de mi individualidad y de mi construcción personal que en conjunto son la receta para el desastre.

  1. ¿Cómo es para las chicas de tu país vivir con autismo o Síndrome de Asperger?

No sé el caso de otras chicas, no conozco a mucha gente aspie aquí en Ecuador (de hecho, no conozco a mucha gente en general, mi vida gira en torno a mi familia), pero para mí es decepcionante, tan decepcionante que a veces quiero quedarme en mi casa y no salir más para no tener que desgastarme con tanta gente necia. Todo el tiempo me encuentro con personas, incluso profesionales que se suponen deben tener conocimiento de causa, que me dicen que el Síndrome de Asperger no existe, o que debe ser un invento mío, o que NO TENGO CARA DE ASPERGER (esto me lo dijo un psiquiatra) y que es algo que sigo sin entender porque no sé qué cara hay que tener. Hay mucha desinformación, mucha ignorancia al respecto, muchos estereotipos dañinos. Como soy “bastante funcional”, asisto a la universidad, puedo mirar a la cara de las personas (los ojos todavía me cuestan y eso que los dibujo, pero trato de disimular. Mi secreto: miro el entrecejo, nariz y boca de las personas, pues si no hago ese ejercicio la gente piensa que soy falsa o algo así), tengo hijas y esposo, mantengo mis rituales a raya, no converso mis intereses restringidos con nadie (mi vida social es pobre y no pretendo lo contrario) y mis estereotipias están bastante controladas; como no me parezco a Khan, apenas si me parezco a Sheldon Cooper –por el estilo “pesado” o arrogante de hablar, por la forma de vestir, pero más nada–, para las personas no soy ASPIE, no estoy en el espectro autista. Lo que he llegado a escuchar decir es que “soy bipolar” (como si fuera algo trivial y no tan complejo como ese el trastorno bipolar, para andarlo diagnosticando “empíricamente”), que soy inmadura, que soy inestable, que soy extravagante, que estoy un poco loca. Tendría que estar completamente postrada, o ser totalmente dependiente, o ser supremamente brillante e inteligente, y aun así sé que se las arreglarían para desconocer lo que YO SOY, MI ESENCIA, por la incapacidad de aceptar las diferencias. La gente está acostumbrada a juzgarte en base a sus creencias, muchas de ellas infundadas, y no contrastar con la realidad. La pereza de investigar pesa más que el sentido común, el respeto y la tolerancia. A mí me da mucha rabia, mucho coraje, y me da ganas de mandar todo al carajo, pero a la vez me motiva a ser parte del cambio, a difundir, a dar a conocer la condición y hacer entender, insisto, que lo diferente NO ES MALO, sino todo lo contrario. Lo diferente ENRIQUECE.

  1. Que consejos le darías a una chica con síndrome de asperger que quiere empezar a dibujar.

Soy turra dando consejos, porque ni con mi vida puedo (animus iocandi). Lo único que podría sugerir es que si de verdad le gusta, si es que siente esa motivación de dibujar, lo haga con todas las ganas, con todo el ñeque, sin que le importe qué le digan los demás. Mucha gente se la da de crítica sólo para molestar, o para aparentar cierta superioridad que ni tienen ni les sienta, y pocas por ayudar, por estimular a mejorar aunque les falte tino, pero como sea todas son opiniones que nunca reflejarán el verdadero sentir de quien crea, quien plasma en un papel su sentir, su propia vida. Para mí, el arte es y será del artista, y todos los demás son meros espectadores.

Si no tiene nociones, en la actualidad hay muchas fuentes a las que puede acudir en la red, sean vídeos tutoriales, páginas, blogs, o puede acudir a cursos locales, solicitar profesores, etc., pero muy en lo personal y de todo sistema límbico -que no me haga caso si lo considera un desatino-, que intente buscar su propia técnica, que experimente, que haga el intento así “eche a perder”. Vuelvo y repito que esto que digo es en sentido muy pero muy en lo personal, y por lo tanto discutible y hasta objetable, pero considero que el arte es liberta; es la expresión de lo que se es uno, un reflejo o una sombra; la ruptura de las ataduras, de los miedos, de los perjuicios; el aflorar o el resurgir de lo que se tiene adentro llámese alma, reductos sinápticos, detritus evolutivos, qué sé yo (no se me ocurre nada mejor, bah), y que la rigidez de la academia lo entorpece. Yo estuve un solo día en un curso, a los 5 años, y lo odié tanto que al día siguiente me fugué y me fui a esconder en un baño (no lo hagan niños y niñas, está mal). No pude con un dómine en lo más preciado que tengo que es el dibujo. Y me dicen, con justa razón, que quizá fuera mejor dibujante si tuviera técnica ortodoxa, si tuviera academia, si hubiera estudiado arte, pero no, no me importa ser mejor, sólo quiero ser feliz, disfrutar de lo que hago y compartirlo con quienes quieren ser parte de esa felicidad. El sólo pensar que alguien me diga qué hacer, el dejar de ser yo misma con mis fallos y mis aciertos, me abruma, me entristece. No, no podría volver rígido algo que es espontaneidad pura, improvisación, intentos y fallos. Pero no es aplicable a todos, es como se acomode. En otras palabras y dejando de lado tanta lata: amiga mía, si quieres dibujar hazlo y sé libre de cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué. El para quién que sea principalmente para ti. Sólo sé tú y verás que todo fluye.

  1. ¿Cómo se puede adquirir tu obra, cuál es tu página, a que países puedes enviar u que encargos tomas?

 

Esta es la parte difícil para mí porque en general odio desprenderme de mis obras, incluso las que me piden realizar, pero acepto que si quiero materiales para hacer nuevas necesito venderlas. Tampoco me gusta hablar de costos, primero porque no sé mucho de eso, soy malísima negociante y tiendo a perder mucho, y segundo porque todo lo pecuniario me marea y molesta.

Tengo una página en Facebook que se llama “LapizArte, Mi Arte TEA”, donde expongo virtualmente las obras que tengo o tenía hasta hace poco. Lo pueden ubicar buscando por el nombre o en la dirección: https://www.facebook.com/LapizArte.AKVO, y escribir a mensajería que estoy a las órdenes. La cuestión de envíos fuera de Ecuador si es un poco complicada porque el monto de base a otros países es 32 dólares y encarece bastante, y se lo hace a través de la entidad estatal Correos del Ecuador.

He pensado abrir un blog, pero soy vaga (animus iocandi) y estoy perdida en la nebulosa de la tecnología. Si algún día pasa, que lo dudo, lo publicaría en la página del feisbúc (así le digo yo)…

También tengo un canal en YouTube llamado LapizArte Mi Arte TEA en donde pretendía subir tutoriales para enseñar a dibujar, pero el tiempo no me ha ayudado (y no lo hará hasta que me gradúe, supongo). De todos modos espero subir alguno que otro vídeo que pueda apoyar a quienes quieren empezar a dibujar. Tengo cariño especial por Thais Morales, una niña de mi ciudad (Ambato) que sigue el canal y me envío su dibujo. Nada más emocionante y alentador al punto que, lo admito, se me fueron las lágrimas.

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Dibujo de Thais Morales.

Y mi historia hasta los 28 años (pronto cumpliré 30 años) está en el blog “NADA DE NOSOTROS SIN NOSOTROS TEA”, en el siguiente enlace: http://viviendoconelsindromedeasperger.blogspot.com/2015/06/experiencia-de-vida-de-anita-una-joven.html

Muchas gracias :3

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One comment

  • Virtual Private Server 14 septiembre, 2017   Responder →

    Muchos son los pacientes sobre todo mujeres que vienen diciendo que les duele el hombro y que no hacen ningun tipo de deporte. Esto es debido muchas veces a que dichos pacientes a lo largo de su vida van adoptando una postura con “cierre del espacio subacromial”.

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